Archivo de la categoría: Progre de la Semana

Rodríguez-Salmones me toca los cojones

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Ni siquiera con ZP es obligatorio el voto al PP. Ahí está el partido de Rosa Díez, que llegado el caso puede ser una alternativa para muchos.

Y digo esto porque en las últimas semanas nos está jodiendo el protagonismo de la portavoz de Cultura del PP en el Congreso. Una lobbysta de la peor estofa, la causante principal de que el PP apoye el robo de los ladrones de la SGAE mediante el famoso canon sobre los medios de almacenamiento informático. Un canon que, recordemos, se paga como compensación de un delito del que se nos supone culpables a cualquiera que tenga un ordenador, DVD, iPod, etc. Un apoyo a una organización capaz de cobrar derechos de autor a una asociación de disminuidos psíquicos por organizar una función de teatro. Una organización cuyas caras más conocidas han sido autores tan prolíficos como Teddy Bautista (3 discos con Los Canarios), Ramoncín (2 canciones) o Luis Cobos (el chunda chunda de la música clásica compuesta por otros que no reclaman derechos de autor). Que menudos pájaros.

Uno no entiende como este PP tonto del culo busca todavía congraciarse con un sector del espectáculo que siempre va a estar en contra del PP porque forma parte de su estética. Y su estética es su negocio. A ver cuándo se van a enterar.

A mí votar a esta señora me resulta bastante difícil. Insisto en el título.

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Palabras sencillas para lectores idiotas

Hoy cocina Jarrai

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Me llama la atención el programa de La Sexta “Hoy cocinas tú” en el que los jóvenes radicales vascos demuestran que no saben cocinar. Es entretenido y tiene un puntito radical. Me gusta. Y el tiempo que están en la tele no queman ningún cajero.

El barbas

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El de las selecciones vascas

Como muestra la camiseta que lleva.
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El Capitán Marihuano

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El jefe del comando

Manipulando un paquete sospechoso.
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“El Público” será como el “Gara”

En los últimos días se ha especulado mucho acerca de la línea editorial del futuro diario “El Público”. Hay un consenso en presumir la línea del diario a la izquierda de “El País”. Se ha leído por ahí que tendría una línea parecida a ERC (como si en ERC fuesen de izquierdas en lugar de nazis). Para saber qué línea editorial tendrá el nuevo diario, quizá lo más útil sea ceñirse al blog del director in pectore

Zapatero pide unidad mientras el PP le culpa de la fortaleza de ETA

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, reaccionó ayer al atentado contra el cuartel de Durango apelando a la «unidad de los demócratas para acabar con ETA» y advirtió a la organización armada que caerá sobre ella «toda la fuerza de la ley». Pocas horas antes, desde el PP se achacaba a la política del Gobierno la «fortaleza» de ETA y se exigía la ilegalización de ANV.

Diario batasuno “Gara”.


Unidad frente al terrorismo

Tag: Citas, ETA — Ignacio Escolar @ 4:29 pm
Sólo unidos pondremos fin a la sinrazón de ETA.

Maria Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno

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Hay que pedir cuentas, directamente, a quien ha tolerado y permitido que ANV esté en Ayuntamientos como el de Durango, donde tienen cuatro representantes (…) No podemos seguir dejándonos engañar por los dirigentes del PSOE, la única solución contra ETA es que alguien en el Gobierno tenga clarísimo que no se puede negociar y transigir con estos asesinos.

María San Gil, presidenta del PP en el País Vasco

Ignacio Escolar, futuro director del diario de Mediapro “El Público”, le da el mismo enfoque al tema.

Muere una regadera

Xirinacs

En pleno uso de mis facultades marcho porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio. Si me queréis hacer feliz no me busquéis. Si alguien me encuentra le ruego que, esté yo como esté, no quiera perturbar mi soledad y mi silencio. ¡Gracias!

He vivido esclavo 75 años en unos Países Catalanes ocupados por España, por Francia (y por Italia) desde hace siglos. He vivido luchando contra esta esclavitud todos los años de mi vida adulta. Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza de la humanidad y del universo. Pero una nación nunca será libre si sus hijos no quieren arriesgar su vida en su liberación y defensa. Amigos, aceptadme este final absoluto victorioso de mi contienda, por contrapuntar la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo. Hoy mi nación se vuelve soberana absoluta en mí. Ellos han perdido un esclavo. ¡Ella es algo más libre porque yo estoy en vosotros, amigos!

Lluís María Xirinacs, ex-senador, cura trabucaire y proetarra. Se ha suicidado “en un acto de soberanía“. Y elabora su propia teoría de fusión con el cosmos nacional catalán. Este hombre es un gran ejemplo a seguir por el nacionalismo catalán. Cuanto antes, mejor.

Pero me temo que no.

La poca vergüenza

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Escribe hoy Juan Luis Cebrián un artículo digno de un analfabeto funcional. Un juez le ha archivado una querella contra Federico Jiménez Losantos y la rabia se le escapa en forma de espumarajos agramaticales. Esto estaría dentro de la rutina en “El País” si no estuviéramos hablando de un académico de la Real Academia Española, y como tal firma el artículo, el muy jeta. Frases interminables, llenas de comas mal puestas, sincopadas, agobiantes, ilegibles, incorrecciones, concordancias, etc. Reproduzco el artículo a continuación por su relevancia. Lo titula “La poca vergüenza”, la que él tiene para publicar esta mierda. Atención a los comentarios que intercalo:

El señor juez de instrucción del Juzgado número 40 de los de Madrid es un personaje siniestro, se comporta como el niño bonito de la judicatura y sus actos menoscaban el prestigio de la democracia, pero no demuestra padecer vergüenza alguna por ello.[ay… me ahogo] Estoy seguro de que el magistrado no se sentirá ofendido por estas expresiones, proferidas no con ánimo de injuriarle ni de calumniarle, pues al fin y al cabo ni siquiera se refieren de forma específica a él, y desde luego mucho menos a su persona, sino a una peculiar manera de ver las cosas por parte del sector de la judicatura en el que se incluye. [vuelvo a tomar aire]

El caso es que el señor juez de instrucción titular del Juzgado número 40 de Madrid, llamado De la Hoz aunque nada tenga que ver con el Martillo [festival del humor], acaba de dictar un auto en el que asevera que el uso de estos y otros peores vocablos [pues anda que como los usas tú, majo], proferidos contra mí en su día, no constituyen nada delictivo. A su entender se trata sólo de términos duros, [¿y esta coma? ¿Es que no vas a escribir ni una sola frase bien, ni que sea corta?] que pueden ser utilizados en un contexto de discrepancia o de debate. Como yo discrepo por completo del señor juez, opino que con su auto ha perdido el sentido del decoro. Hasta el punto de que, ya en pleno mes de julio y con lo que sabíamos a esas alturas del juicio del 11-M, se atrevió a afirmar que “la opinión pública y la clase política están divididas respecto a esta cuestión, sosteniéndose cuando menos dos versiones distintas”, con lo que en su auto decide igualmente que es lícita la acusación que se me hizo de manipular pruebas en dicho proceso por terrorismo. [¡Oxígeno, por favor!] Se trataría más bien de un recurso literario, viene a decir el magistrado. Por todo lo cual archivó hace días una querella interpuesta por mí en febrero contra un locutor de la radio episcopal, en cuyas ondas el octavo mandamiento y las enseñanzas del sermón de la montaña han quedado definitivamente abrogados.

Mis abogados han recurrido ya la tropelía perpetrada por el señor De La Hoz Aunque No Del Martillo [me parto de la risa], por lo que me asaltaron dudas a la hora de publicar este artículo, no vaya a entenderse que pretendo dirimir con él un contencioso personal. [no, qué va] Pero, siguiendo las instrucciones del auto en cuestión, me veo en la obligación cívica de hacerlo por mor de contribuir “a un mayor grado de deliberación y discusión política en un asunto del máximo interés y preocupación por parte de la ciudadanía”: el funcionamiento de los tribunales de justicia españoles, institución [O el funcionamiento es una institución, o no concuerda el asunto] que se resiste de muchas formas a asumir las consecuencias de la transición democrática, favoreciendo al tiempo el exotismo [o se refiere a Bacigalupo, que me temo que no, o no sabe lo que es exotismo] de algunos de sus integrantes, de cuyo nivel profesional y moral dan fe a diario las informaciones de los periódicos. [pues anda que tu nivel literario, majo] Mis opiniones ahora expresadas no me abrirán quizá mejor sendero entre la jungla procesal, pero servirán para comprender por qué jueces de la encarnadura [¡Pero este tío no sabe lo que es encarnadura tampoco!] del señor De La Hoz Que No Del Martillo [Es mejor que Chiquito de la Calzada] continúan atropellando con sus autos último modelo a no pocos ingenuos contribuyentes, todavía empeñados en manifestar su / nuestra fe en los tribunales de justicia, que en mi caso sigue impoluta pese a incidentes como éste.[¿Pero éste no sabe lo que es sujeto-verbo-predicado-punto?]

La casualidad ha querido que el vehículo pesado con que el juzgador De La Hoz Aunque En Ningún Caso Del Martillo [este tío es la juerga padre] ha arrollado mi inocencia de ciudadano crédulo coincidiera en el tiempo con otras decisiones judiciales respecto al uso y abuso de la libertad de expresión. Todavía no se apagan los ecos de la polémica sobre el secuestro preventivo de la revista El Jueves, que ha logrado lanzar dicho semanario a universal fama, de modo que millones de internautas acceden a diario a la contemplación de la caricatura de nuestros príncipes, ridiculizados en el acto de procrear. [oh, qué drama] Me dicen que el genio del marketing responsable inicialmente de tan exitosa campaña es un funcionario de la Casa Real cuyo exceso de celo no basta para suplir su ausencia de criterio. [pensaba que era Cándido el que actuó de oficio. Qué pasa, ¿sois de la misma logia?] Solicitó el susodicho a la fiscalía que se pusiera en marcha, y las reacciones subsiguientes respondieron luego más al deseo de cada cual (fiscales, jueces y policías secuestradores) de salvar el pellejo de sus propias responsabilidades antes que al de proteger lo que ellos mismos han contribuido a perjudicar: la imagen de la Corona. No sé si ésta puede verse erosionada por ese tipo de chistes y dibujitos soeces pero sí, desde luego, por los sucesos posteriores a su difusión. Con ellos se ha dado la impresión abusiva de que la inviolabilidad que la Constitución reconoce al Rey no es sólo jurídica ni le atañe únicamente a él, sino que se extiende a toda su familia y debe abarcar también los ámbitos político y de opinión pública. Lo que ha servido para poner de relieve la doble vara de medir y la moral ambigua que impera en el sistema judicial a la hora de adoptar medidas contra los abusos cometidos en nombre de la libertad de expresión. Un artículo del señor Anasagasti, que todavía tiene pendiente el demostrar que trabaja él como legislador más horas de las que el monarca dedica a sus deberes, vino a complicar la cuestión: es obvio que el fiscal general y los jueces de la Audiencia se atreven con un caricaturista de a pie, pero no con un senador del reino. Con lo que podemos preguntarnos si en este país todos los ciudadanos son iguales ante la ley, pero algunos acaban siendo más iguales que otros.[¿Sabrá Cebrián lo que es el aforamiento? Cuando Bacigalupo le salvó el culo a su amigo el terrorista de los GAL, bien que lo sabía]

Estas cuestiones giran a la postre en torno a un mismo argumento: los límites posibles al ejercicio de la libre expresión en una democracia. Nuestra Constitución dice de manera tajante que se prohíbe toda forma de censura previa, aunque tres líneas más abajo señala que el secuestro preventivo de publicaciones debe hacerse mediante mandato judicial. No conozco modalidad de censura previa más tajante y absoluta que un secuestro preventivo, por lo que los padres de la patria deberían reflexionar sobre este punto. Por otra parte, secuestrar una publicación o prohibir la exhibición de algo, en la era de la sociedad de la información, es más bien contribuir a su conocimiento masivo a través de las redes informáticas, de modo que secretarios de príncipes y fiscales de turno tendrían que pensarse dos veces las consecuencias de estos actos antes de incoarlos. Eso no quiere decir que la libertad de prensa, como cualquier otra, no deba estar sometida a reglas. Más de cuatro décadas de desempeño del periodismo, y cientos de procedimientos judiciales incoados contra mí en razón de dicha circunstancia, me permiten no tener ninguna mala conciencia por reconocer que ni siquiera el derecho a la libre expresión, con ser columna esencial del régimen democrático, puede ser ilimitado. [Más de cuatro décadas dedicado al periodismo no te han enseñado a escribir, y no muestras ninguna mala conciencia por tu paradójica condición de académico de la RAE] Ningún derecho lo es y, en realidad, toda ley constituye antes que nada un freno a la libertad de cada uno, en defensa del disfrute de la libertad ajena. No es contra la limitación legal y democrática de ese derecho contra lo que es preciso protestar, sino contra la arbitrariedad y falta de simetría en la aplicación de las leyes, demasiadas veces utilizadas para proteger a los poderosos en perjuicio de los débiles. [¿Como cuando conseguisteis expulsar a Liaño de la carrera judicial?]

La cuestión nos debería preocupar tanto más cuanto que desde hace años determinados medios, vinculados por lo común a la derecha política y al integrismo religioso, vienen atizando verbalmente la hoguera de la tensión, propiciando un ambiente irrespirable en nuestra vida política. Algunos portavoces parlamentarios han hecho suyo este estilo, jaleado desde determinados micrófonos y santificado desde muy elevados púlpitos. El resultado ha sido un empobrecimiento del diálogo intelectual [primero aprende a escribir, luego intentas algún diálogo intelectual] , un enconamiento visible entre facciones o sectores de opinión no coincidentes, y una lamentable fractura de la convivencia ciudadana. La crispación que se ha adueñado de algunas tribunas, sólo ahora mitigada por las vacaciones veraniegas, sirvió de base para establecer la teoría de que nos hallamos ante una guerra de medios de comunicación, cuando en realidad lo que tenemos ante nuestros ojos es una lucha descarnada por el poder, dispuesta como parece la actual dirección del partido de la derecha a recuperarlo a cualquier precio. [pero qué ahogo, por favor] Pero no es verdad que todos los medios, todas las empresas, todos los periodistas, todos los comentaristas y todos los políticos utilicen las mismas armas. La suposición de una equidistancia entre métodos de uno y otro lado del espectro político o de opinión es absolutamente gratuita.

Lo es para mí, desde luego, pero no para el señor juez De La Hoz Y De Ningún Modo Del Martillo [para morirse de risa], lo que le viene estupendamente bien a los efectos de su comentada decisión. Ante la necesidad de explicar por qué considera adecuado que se empleen insultos y mentiras en la polémica periodística, el magistrado ha redactado un largo alegato en el que llama en su auxilio nada menos que a John Stuart Mill para argumentar su fallo. Estoy seguro de que no ha querido hacer una lectura sesgada ni incompleta del fundador del liberalismo político, pero el resultado objetivo no puede parecerme más sectario, amén de un poco cursi. Por si su ajetreada agenda le ha impedido un repaso sosegado de las obras de tan significado maestro, me parece oportuno traerle a colación algunos párrafos de su memorable ensayo sobre La Libertad: “El interés de la verdad y la justicia reclaman con urgencia el prohibir un lenguaje insultante; y si fuese posible escoger sería mucho más útil reprobar los ataques ofensivos contra las creencias libres que contra la religión del Estado”, dice el autor, que antes había señalado que “el renacimiento de la religión que tanto se ensalza es siempre (al menos en los espíritus estrechos e incultos) el renacimiento del fanatismo”, para concluir que “en cuanto a lo que se entiende comúnmente por discusión sin límite alguno, a saber, las invectivas, los sarcasmos, los ataques personales, etcétera, la denuncia de estos procedimientos sería mejor acogida si se sugiriese prohibirlos para siempre y por igual para ambas partes”.

En su día decidí -lo mismo que hizo Jesús Polanco- querellarme contra un petimetre savonarola local que, desde la radio, incendia cada mañana con su intolerancia la convivencia española. [pero no se carga la gramática española, como tú] No sólo pretendía yo reparar mi honor y el de mis colaboradores, sino comprobar también en qué medida la aplicación de las leyes podría resolver lo que el fanatismo y la ausencia de sentido común vienen provocando desde hace años en el debate público. Naturalmente estoy de acuerdo con quienes reclaman que las faltas o delitos de opinión se diriman por el código civil, y no el penal, pero no somos los periodistas quienes hacemos la ley ni quienes la administramos, y elegí la vía más ejemplarizante desde el punto de vista social. Pensaba y pienso, con Stuart Mill, que en una democracia los fanáticos tienen sus derechos, pero los actos que se derivan de su actitud no merecen igual trato que los que emanan de la prudencia. Me parece una falacia absoluta contraponer las injurias que desde algunos benditos micrófonos se profieren, con los comentarios libremente expresados por otros creadores de opinión, como si nos halláramos ante el empleo indiscriminado de parecidos arrebatos en la confrontación intelectual. Esta pretendida equidistancia o eclecticismo en el que el juez De La Hoz Sin Martillo se instala (en una actitud que ha tentado también a sectores progresistas, e incluso al Gobierno, quizá como una forma de pagar protección), evidencia un cinismo preocupante. El mismo que late en el abuso de lanzar al fiscal contra un caricaturista, más o menos maleducado pero también muy vulnerable, mientras se protegen judicialmente los desatinos de quienes ejercen la barbarie verbal en nombre de su peculiar y ultramontana idea de España. Pero quizá estoy equivocado, y gracias a la resolución del señor juez De La Hoz Aislada Del Martillo -salvo que sea el de machucar herejes- saldré de mi error. Aprenderé entonces que llamar bellaco a una persona, tratar de destruir su nombre o su reputación, perjudicar sus empresas y amedrentar su entorno, corresponde al universo de la deliberación política y no al de los comportamientos antisociales. [huy qué piel más fina, como la de Lasa y Zabala cuya tortura defendiste] Si al señor juez no le da vergüenza esto, a mí tampoco. En adelante, de acuerdo con la permisividad sancionada por el uso, podremos dedicarnos todos a utilizar términos duros contra los discrepantes y organizar un pimpampum como es debido. Eso sí, no crea nadie que su culo ha de infundir necesariamente más respeto que el de los príncipes, expuesto ya al sarcasmo público.[¿amenazas con escándalos sexuales al juez de la Hoz?]

Juan Luis Cebrián, de la Real Academia Española. El texto del auto judicial puede leerse íntegro en elpais.com

Lo que hace la falta de riego.

¿La cagada de Cándido?

¡Cándidooo!

Para intentar explicar el asunto de El Jueves hay varias posibilidades:

  1. Es una cagada de Cándido.
  2. Es una cagada de alguien que tiene potestad de ordenar la actuación a Cándido (¿Bermejo, Zapatero?).
  3. Es una operación intencionada.

Voy a explicar esta tercera opción, la más improbable de las tres, pero la más maquiavélica. Tiene sentido porque está comprobada la afición que el presidente del Gobierno tiene al maquiavelismo.

Siendo el rey de España favorable al PSOE —hay que recordar aquello de “si se consigue, se consigue“—, no ha expresado el heredero de la Corona suficiente adhesión al régimen de Polanco. Por ejemplo, ¿qué pasaría si El País le pidiera una entrevista para que el heredero pueda expresar a su futuro reino su visión sobre un problema tan trascendente como el terrorismo y Felipe se negara? ¿Qué haría el PRISOE? ¿Acaso montarle un escándalo para que sepa quién manda aquí? ¿Acabará esto con una entrevista de Iñaki Gabilondo al heredero en prime time?