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¿Crispa el PP o el PSOE?

Se acabó el cuento de “la crispación”. Ya ha quedado claro donde se genera y se maneja. Ellos mismos lo reconocen.

La poca vergüenza

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Escribe hoy Juan Luis Cebrián un artículo digno de un analfabeto funcional. Un juez le ha archivado una querella contra Federico Jiménez Losantos y la rabia se le escapa en forma de espumarajos agramaticales. Esto estaría dentro de la rutina en “El País” si no estuviéramos hablando de un académico de la Real Academia Española, y como tal firma el artículo, el muy jeta. Frases interminables, llenas de comas mal puestas, sincopadas, agobiantes, ilegibles, incorrecciones, concordancias, etc. Reproduzco el artículo a continuación por su relevancia. Lo titula “La poca vergüenza”, la que él tiene para publicar esta mierda. Atención a los comentarios que intercalo:

El señor juez de instrucción del Juzgado número 40 de los de Madrid es un personaje siniestro, se comporta como el niño bonito de la judicatura y sus actos menoscaban el prestigio de la democracia, pero no demuestra padecer vergüenza alguna por ello.[ay… me ahogo] Estoy seguro de que el magistrado no se sentirá ofendido por estas expresiones, proferidas no con ánimo de injuriarle ni de calumniarle, pues al fin y al cabo ni siquiera se refieren de forma específica a él, y desde luego mucho menos a su persona, sino a una peculiar manera de ver las cosas por parte del sector de la judicatura en el que se incluye. [vuelvo a tomar aire]

El caso es que el señor juez de instrucción titular del Juzgado número 40 de Madrid, llamado De la Hoz aunque nada tenga que ver con el Martillo [festival del humor], acaba de dictar un auto en el que asevera que el uso de estos y otros peores vocablos [pues anda que como los usas tú, majo], proferidos contra mí en su día, no constituyen nada delictivo. A su entender se trata sólo de términos duros, [¿y esta coma? ¿Es que no vas a escribir ni una sola frase bien, ni que sea corta?] que pueden ser utilizados en un contexto de discrepancia o de debate. Como yo discrepo por completo del señor juez, opino que con su auto ha perdido el sentido del decoro. Hasta el punto de que, ya en pleno mes de julio y con lo que sabíamos a esas alturas del juicio del 11-M, se atrevió a afirmar que “la opinión pública y la clase política están divididas respecto a esta cuestión, sosteniéndose cuando menos dos versiones distintas”, con lo que en su auto decide igualmente que es lícita la acusación que se me hizo de manipular pruebas en dicho proceso por terrorismo. [¡Oxígeno, por favor!] Se trataría más bien de un recurso literario, viene a decir el magistrado. Por todo lo cual archivó hace días una querella interpuesta por mí en febrero contra un locutor de la radio episcopal, en cuyas ondas el octavo mandamiento y las enseñanzas del sermón de la montaña han quedado definitivamente abrogados.

Mis abogados han recurrido ya la tropelía perpetrada por el señor De La Hoz Aunque No Del Martillo [me parto de la risa], por lo que me asaltaron dudas a la hora de publicar este artículo, no vaya a entenderse que pretendo dirimir con él un contencioso personal. [no, qué va] Pero, siguiendo las instrucciones del auto en cuestión, me veo en la obligación cívica de hacerlo por mor de contribuir “a un mayor grado de deliberación y discusión política en un asunto del máximo interés y preocupación por parte de la ciudadanía”: el funcionamiento de los tribunales de justicia españoles, institución [O el funcionamiento es una institución, o no concuerda el asunto] que se resiste de muchas formas a asumir las consecuencias de la transición democrática, favoreciendo al tiempo el exotismo [o se refiere a Bacigalupo, que me temo que no, o no sabe lo que es exotismo] de algunos de sus integrantes, de cuyo nivel profesional y moral dan fe a diario las informaciones de los periódicos. [pues anda que tu nivel literario, majo] Mis opiniones ahora expresadas no me abrirán quizá mejor sendero entre la jungla procesal, pero servirán para comprender por qué jueces de la encarnadura [¡Pero este tío no sabe lo que es encarnadura tampoco!] del señor De La Hoz Que No Del Martillo [Es mejor que Chiquito de la Calzada] continúan atropellando con sus autos último modelo a no pocos ingenuos contribuyentes, todavía empeñados en manifestar su / nuestra fe en los tribunales de justicia, que en mi caso sigue impoluta pese a incidentes como éste.[¿Pero éste no sabe lo que es sujeto-verbo-predicado-punto?]

La casualidad ha querido que el vehículo pesado con que el juzgador De La Hoz Aunque En Ningún Caso Del Martillo [este tío es la juerga padre] ha arrollado mi inocencia de ciudadano crédulo coincidiera en el tiempo con otras decisiones judiciales respecto al uso y abuso de la libertad de expresión. Todavía no se apagan los ecos de la polémica sobre el secuestro preventivo de la revista El Jueves, que ha logrado lanzar dicho semanario a universal fama, de modo que millones de internautas acceden a diario a la contemplación de la caricatura de nuestros príncipes, ridiculizados en el acto de procrear. [oh, qué drama] Me dicen que el genio del marketing responsable inicialmente de tan exitosa campaña es un funcionario de la Casa Real cuyo exceso de celo no basta para suplir su ausencia de criterio. [pensaba que era Cándido el que actuó de oficio. Qué pasa, ¿sois de la misma logia?] Solicitó el susodicho a la fiscalía que se pusiera en marcha, y las reacciones subsiguientes respondieron luego más al deseo de cada cual (fiscales, jueces y policías secuestradores) de salvar el pellejo de sus propias responsabilidades antes que al de proteger lo que ellos mismos han contribuido a perjudicar: la imagen de la Corona. No sé si ésta puede verse erosionada por ese tipo de chistes y dibujitos soeces pero sí, desde luego, por los sucesos posteriores a su difusión. Con ellos se ha dado la impresión abusiva de que la inviolabilidad que la Constitución reconoce al Rey no es sólo jurídica ni le atañe únicamente a él, sino que se extiende a toda su familia y debe abarcar también los ámbitos político y de opinión pública. Lo que ha servido para poner de relieve la doble vara de medir y la moral ambigua que impera en el sistema judicial a la hora de adoptar medidas contra los abusos cometidos en nombre de la libertad de expresión. Un artículo del señor Anasagasti, que todavía tiene pendiente el demostrar que trabaja él como legislador más horas de las que el monarca dedica a sus deberes, vino a complicar la cuestión: es obvio que el fiscal general y los jueces de la Audiencia se atreven con un caricaturista de a pie, pero no con un senador del reino. Con lo que podemos preguntarnos si en este país todos los ciudadanos son iguales ante la ley, pero algunos acaban siendo más iguales que otros.[¿Sabrá Cebrián lo que es el aforamiento? Cuando Bacigalupo le salvó el culo a su amigo el terrorista de los GAL, bien que lo sabía]

Estas cuestiones giran a la postre en torno a un mismo argumento: los límites posibles al ejercicio de la libre expresión en una democracia. Nuestra Constitución dice de manera tajante que se prohíbe toda forma de censura previa, aunque tres líneas más abajo señala que el secuestro preventivo de publicaciones debe hacerse mediante mandato judicial. No conozco modalidad de censura previa más tajante y absoluta que un secuestro preventivo, por lo que los padres de la patria deberían reflexionar sobre este punto. Por otra parte, secuestrar una publicación o prohibir la exhibición de algo, en la era de la sociedad de la información, es más bien contribuir a su conocimiento masivo a través de las redes informáticas, de modo que secretarios de príncipes y fiscales de turno tendrían que pensarse dos veces las consecuencias de estos actos antes de incoarlos. Eso no quiere decir que la libertad de prensa, como cualquier otra, no deba estar sometida a reglas. Más de cuatro décadas de desempeño del periodismo, y cientos de procedimientos judiciales incoados contra mí en razón de dicha circunstancia, me permiten no tener ninguna mala conciencia por reconocer que ni siquiera el derecho a la libre expresión, con ser columna esencial del régimen democrático, puede ser ilimitado. [Más de cuatro décadas dedicado al periodismo no te han enseñado a escribir, y no muestras ninguna mala conciencia por tu paradójica condición de académico de la RAE] Ningún derecho lo es y, en realidad, toda ley constituye antes que nada un freno a la libertad de cada uno, en defensa del disfrute de la libertad ajena. No es contra la limitación legal y democrática de ese derecho contra lo que es preciso protestar, sino contra la arbitrariedad y falta de simetría en la aplicación de las leyes, demasiadas veces utilizadas para proteger a los poderosos en perjuicio de los débiles. [¿Como cuando conseguisteis expulsar a Liaño de la carrera judicial?]

La cuestión nos debería preocupar tanto más cuanto que desde hace años determinados medios, vinculados por lo común a la derecha política y al integrismo religioso, vienen atizando verbalmente la hoguera de la tensión, propiciando un ambiente irrespirable en nuestra vida política. Algunos portavoces parlamentarios han hecho suyo este estilo, jaleado desde determinados micrófonos y santificado desde muy elevados púlpitos. El resultado ha sido un empobrecimiento del diálogo intelectual [primero aprende a escribir, luego intentas algún diálogo intelectual] , un enconamiento visible entre facciones o sectores de opinión no coincidentes, y una lamentable fractura de la convivencia ciudadana. La crispación que se ha adueñado de algunas tribunas, sólo ahora mitigada por las vacaciones veraniegas, sirvió de base para establecer la teoría de que nos hallamos ante una guerra de medios de comunicación, cuando en realidad lo que tenemos ante nuestros ojos es una lucha descarnada por el poder, dispuesta como parece la actual dirección del partido de la derecha a recuperarlo a cualquier precio. [pero qué ahogo, por favor] Pero no es verdad que todos los medios, todas las empresas, todos los periodistas, todos los comentaristas y todos los políticos utilicen las mismas armas. La suposición de una equidistancia entre métodos de uno y otro lado del espectro político o de opinión es absolutamente gratuita.

Lo es para mí, desde luego, pero no para el señor juez De La Hoz Y De Ningún Modo Del Martillo [para morirse de risa], lo que le viene estupendamente bien a los efectos de su comentada decisión. Ante la necesidad de explicar por qué considera adecuado que se empleen insultos y mentiras en la polémica periodística, el magistrado ha redactado un largo alegato en el que llama en su auxilio nada menos que a John Stuart Mill para argumentar su fallo. Estoy seguro de que no ha querido hacer una lectura sesgada ni incompleta del fundador del liberalismo político, pero el resultado objetivo no puede parecerme más sectario, amén de un poco cursi. Por si su ajetreada agenda le ha impedido un repaso sosegado de las obras de tan significado maestro, me parece oportuno traerle a colación algunos párrafos de su memorable ensayo sobre La Libertad: “El interés de la verdad y la justicia reclaman con urgencia el prohibir un lenguaje insultante; y si fuese posible escoger sería mucho más útil reprobar los ataques ofensivos contra las creencias libres que contra la religión del Estado”, dice el autor, que antes había señalado que “el renacimiento de la religión que tanto se ensalza es siempre (al menos en los espíritus estrechos e incultos) el renacimiento del fanatismo”, para concluir que “en cuanto a lo que se entiende comúnmente por discusión sin límite alguno, a saber, las invectivas, los sarcasmos, los ataques personales, etcétera, la denuncia de estos procedimientos sería mejor acogida si se sugiriese prohibirlos para siempre y por igual para ambas partes”.

En su día decidí -lo mismo que hizo Jesús Polanco- querellarme contra un petimetre savonarola local que, desde la radio, incendia cada mañana con su intolerancia la convivencia española. [pero no se carga la gramática española, como tú] No sólo pretendía yo reparar mi honor y el de mis colaboradores, sino comprobar también en qué medida la aplicación de las leyes podría resolver lo que el fanatismo y la ausencia de sentido común vienen provocando desde hace años en el debate público. Naturalmente estoy de acuerdo con quienes reclaman que las faltas o delitos de opinión se diriman por el código civil, y no el penal, pero no somos los periodistas quienes hacemos la ley ni quienes la administramos, y elegí la vía más ejemplarizante desde el punto de vista social. Pensaba y pienso, con Stuart Mill, que en una democracia los fanáticos tienen sus derechos, pero los actos que se derivan de su actitud no merecen igual trato que los que emanan de la prudencia. Me parece una falacia absoluta contraponer las injurias que desde algunos benditos micrófonos se profieren, con los comentarios libremente expresados por otros creadores de opinión, como si nos halláramos ante el empleo indiscriminado de parecidos arrebatos en la confrontación intelectual. Esta pretendida equidistancia o eclecticismo en el que el juez De La Hoz Sin Martillo se instala (en una actitud que ha tentado también a sectores progresistas, e incluso al Gobierno, quizá como una forma de pagar protección), evidencia un cinismo preocupante. El mismo que late en el abuso de lanzar al fiscal contra un caricaturista, más o menos maleducado pero también muy vulnerable, mientras se protegen judicialmente los desatinos de quienes ejercen la barbarie verbal en nombre de su peculiar y ultramontana idea de España. Pero quizá estoy equivocado, y gracias a la resolución del señor juez De La Hoz Aislada Del Martillo -salvo que sea el de machucar herejes- saldré de mi error. Aprenderé entonces que llamar bellaco a una persona, tratar de destruir su nombre o su reputación, perjudicar sus empresas y amedrentar su entorno, corresponde al universo de la deliberación política y no al de los comportamientos antisociales. [huy qué piel más fina, como la de Lasa y Zabala cuya tortura defendiste] Si al señor juez no le da vergüenza esto, a mí tampoco. En adelante, de acuerdo con la permisividad sancionada por el uso, podremos dedicarnos todos a utilizar términos duros contra los discrepantes y organizar un pimpampum como es debido. Eso sí, no crea nadie que su culo ha de infundir necesariamente más respeto que el de los príncipes, expuesto ya al sarcasmo público.[¿amenazas con escándalos sexuales al juez de la Hoz?]

Juan Luis Cebrián, de la Real Academia Española. El texto del auto judicial puede leerse íntegro en elpais.com

Lo que hace la falta de riego.

Ingeniería de La “Crispación”

José Mar�a Garc�a

García, el “crispador”, el que todo lo contamina. El distinguido progre de Pedrojota Javier Pérez de Albéniz aplaudió la acertada decisión. Evidente: derecho de edición, no censura de Luis Fernández, director del Ente y el que toma las decisiones en las contrataciones de los progres puteados en medios no progres.

El ínclito progre Ignacio Escolar, pese a reconocer no haber visto la entrevista y con la censura de muchos de sus seguidores, escribió:

Con lo poco que he visto, creo que Luis Fernández hizo muy bien al no emitirla […] Nos hemos acostumbrado a que todo vale, a que la libertad de expresión sirva de excusa para las mentiras, a que insultar y calumniar sin pruebas salga gratis.

Pues bien,

El juzgado de primera instancia número 2 de Pozuelo de Alarcón ha condenado a la emisora pública y a su director Javier Pons a difundir la “rectificación solicitada por D. José María García Pérez, a la finalización del Telediario de las 21 horas.”

En dicha nota se dice que los hechos son ciertos y que no vierte ningún insulto, pese a lo que aseguran los dos ingenieros de La “Crispación” arriba citados.

Está claro. El búnker judicial.

Gentuza

El Fenomenal Hermano ha promovido una Asamblea de Intervención Democrática, no sé si con vistas a constituir alguna milicia en el futuro. Han publicado un manifiesto contra la llamada por ellos Crispación. Entre los firmantes se cuentan los siguientes (se recomienda ver los enlaces):

Que son un ejemplo bien conocido por todos tanto de objetividad como de mesura. Lo digo porque tienen la cara dura de decir, en el punto II del manifiesto:

Lo que nos inquieta, por el contrario, es que el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto.

Animalicos. La de los fusilamientos al alba de locutores de radio no ofende. La que llama hijos de puta a la gente que agacha la cabeza porque la dictadura progre les obliga a eso y luego vota al PP, ésa, ésa no insulta. La que se alegró más de la derrota electoral del PP que de la muerte de Franco no insulta. El que denunció que Aznar intentó un golpe de Estado que paró el Rey, ése, tampoco crispó.

Pero el verdadero motivo del manifiesto llega en el punto IV, en el que dicen:

Se puede o no estar de acuerdo con la política antiterrorista del Gobierno, pero de ahí a sostener que la decisión, mediante resolución judicial, de que un preso, por muy criminal que sea, pase a la situación de prisión atenuada, ante el riesgo acreditado por los médicos de que puede fallecer, cuando le quedan 16 meses de condena por un delito de coacciones, es una rendición ante la banda terrorista ETA resulta insostenible. Si de lo anterior se deduce, además, que el Gobierno ha pactado ya con la banda, o sus representantes políticos, el futuro de Navarra, de Euskadi y de España, sin acreditar tan graves acusaciones, nos parece que se ha alcanzado tal nivel de exageración y extremismo que se hace inviable un debate racional.

Y es que mienten porque no dan para más. La decisión de la prisión atenuada no la ha decretado ningún juez. Intentan tapar que fue Rubalcaba quien asumió personalmente el excarcelamiento del también progre de Juana Chaos.

Están muy preocupados porque se les ha visto el plumero. Un progre, ante todo, es un progre. Y, aunque hay muchas clases, los “pata negra”, los que mandan, siempre estarán más cerca de la ETA que del PP. Y eso estamos viéndolo todos los días. Y cada vez que lo vemos sangran, y cada vez van perdiendo más fuerza. Afortunadamente.

A ver si vienen las elecciones pronto y nos libramos de esta gentuza de una vez.